La noche del sábado 17 de enero se produjo un importante deslizamiento en el faldeo sur del Cerro Hermitte en la Ciudad de Comodoro Rivadavia. A media pendiente del mismo se encuentra una zona urbanizada que incluye los barrios Sismográfica y los Tilos entre otros. En la zona en las últimas décadas ha avanzado fuertemente la urbanización en este sector, una de cuyas ventajas es la proximidad al centro de la ciudad.
Los pobladores se autoevacuaron con velocidad ante la existencia de algunos avisos previos, como ruidos y movimientos del suelo. Afortunadamente todos pudieron salir y no se lamentaron víctimas ni heridos, solo (aunque no es poco) la destrucción de numerosas viviendas, calles, redes de servicios, etcétera. Fue una desgracia con suerte en este sentido, por suerte la montaña decidió caerse en forma lenta. Si lo hubiera hecho rápido, lo que podría haber ocurrido, otra hubiera sido la situación.
Ahora, ¿esto fue inesperado?, para nada. En el año 2002 el SEGEMAR, Servicio Geológico Minero Argentino, Organismo de Ciencia y Técnología de la Nación había realizado un detallado estudio de la zona, cuando aún casi no había habitantes, llegando a la conclusión que la probabilidad de ocurrencia de fenómenos de peligrosidad geológica debidos a procesos de remoción en masa, era muy alta por lo que desaconsejaba la urbanización de la zona. El SEGEMAR tiene numerosas funciones entre las que se cuentan el estudio de la peligrosidad geológica en todo el territorio nacional. Para cumplir con esta misión cuenta en su estructura con una Dirección de Geología Ambiental y Peligrosidad Geológica, donde trabajan numerosos geólogos y geólogas especializadas en la temática. Luego de ese informe, varios estudios siguieron afirmando de manera unánime la peligrosidad de la zona, incluyendo el vecino cerro Chenque que separa este cañadón del centro de la ciudad.
Estos estudios eran y son conocidos por mucha gente en la zona incluyendo autoridades y los mismos pobladores. Lamentablemente no se actuó en consonancia. Ahora hay que hacerlo. Esa pendiente ahora se encuentra en un estado de reacomodamiento que puede durar meses o años. En parte será lenta y en parte podrá ser rápida, lo que implicará que no podrá construirse ni reconstruirse nada con inmediatez. Todos hemos visto en vivo, en la TV o en redes, las grietas en el suelo de metros de ancho y de profundidad, las rajaduras de las calles y casas, las que seguirán avanzando. También hay que tener en cuenta que solo una parte del cerro se cayó y que el resto es tan inestable como el que se deslizó lentamente el sábado. Por lo que puede seguir el movimiento incorporando a los sectores del faldeo aún no movilizados afectando a barrios aun no implicados. No se puede poner maquinaria pesada a trabajar ahora a riesgo de sus propios operarios.
Las preguntas ahora son: ¿Cuándo se podrá volver a habitar esa zona? ¿Cuándo podrán realizarse las obras de reconstrucción? Y lamentablemente la respuesta técnica, sostenida por los estudios realizados y los eventos ocurridos, es una sola: NO SE PUEDE VOLVER a ese lugar, ya que en algún momento va ocurrir de nuevo ¿Cuándo?, no lo sabemos, los fenómenos geológicos son muy difíciles de predecir en el tiempo. Puede ser en un año, en 20 o mañana. Lo que si podemos decir es que va a pasar de nuevo. De hecho, ya había pasado antes, no tan grande como el último, pero ya se conocían movimientos por gravedad en la zona desde que se fundó la ciudad (deslizamientos, flujos y caídas de roca). La construcción y el desarrollo de la urbanización volvió al faldeo aún más inestable, favoreciendo la ocurrencia del deslizamiento.
Hay que aceptar la realidad de la naturaleza, particulares y funcionarios deben en conjunto buscar otra zona como alternativa para establecerse, las/os geólogas/os DEBEMOS colaborar. No hay que creer en espejitos de colores, no hay forma real de estabilizar una ladera como las de la zona: los materiales son muy heterogéneos, sueltos y se encuentran fracturados. La acción del agua de lluvia infiltrando en las zonas altas aumenta la inestabilidad de las pendientes, a las que se suman las acciones humanas propias de la urbanización (sobrepeso, vibraciones por el tránsito, excavaciones, riego, etc.). La única verdad es la realidad.
Una vez más queda expuesta la importancia de las tareas de les trabajadores de los Organismos del Sistema Científico-Tecnológico Nacional de la Argentina. Si se hubieran tenido en cuenta los informes generados por les trabajadores del SEGEMAR no se hubiera construido en el cerro Hermitte y cientos de familias no habrían perdido sus viviendas.
JUNTA INTERNA DE DELEGADES de ATE-SEGEMAR







